…Cómo ayudar a la Misa…

Fuente: Diócesis de San Juan de los Lagos
Autor: Apostoloteca Virtual

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1.- AL ENTRAR EN LA IGLESIA

  • Se puntual y respetuoso, limpias las manos y calzado.
  • Desde que entras en la Iglesia recuerda que Jesús, tu mejor amigo, te espera. Y copia del El la alegría y el respeto con que entraba -a tus años- en el Templo de Jerusalén.
  • Puedes signarte con agua bendita -recuerdo de tu bautismo por el que eres hijo de Dios-, y haz la señal de la Cruz despacio, como mostrando tu satisfacción por ser cristiano.
  • Avanza hacia el altar sin correr. Junto a las primeras bancas, pausadamente haz la genuflexión de adoración al Señor, y arrodíllate un poco para hablar con Él.
  • Hazte tú mismo una oración para decírsela a Jesús. O si prefieres, reaviva estas ideas:

Jesús, sé muy bien que la Misa a que voy a asistir respaldado por toda la Iglesia es el mismo Sacrificio del Calvario… María, que estuviste entonces junto a tu Hijo: que en mí resuene el eco de aquellas palabras suyas “Ahí tienes a tu Madre” para que aprenda a ser buen hijo tuyo.

2.- AL REVESTIRSE

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Llegado a la sacristía, revístete la túnica que es un símbolo de tu dignidad de acólito y una invitación a que la gracia santificante esté siempre en tu alma. Para mejor hacerlo, antes de descolgarla de la percha, recógela desde el ruedo hasta el cuello, por la parte de la espalda, para que no arrastre en el suelo; y mete la cabeza cuidando que el alba no roce el pelo. Luego metes los brazos por las mangas y te colocas el cíngulo. Si pudieses usar siempre la misma túnica acomodada a tu talla, sería una ventaja. No son bonitas las túnicas cortas ni las que arrastran.

Ayuda al sacerdote a revestirse. Para ello, mientras él se coloca el amito (si usa), tú, puesto a su izquierda recoges -desde el borde hasta el cuello, por la parte de la espalda- el alba que está colocada sobre la mesa de la sacristía. Con las dos manos levantadas, para que el alba no arrastre, mantéenla fruncida y con el paso para la cabeza bien patente. Cuando él haya metido la cabeza ayúdale tú a que el alba caiga hasta abajo, y estira la manga derecha y después la izquierda para que él meta con más comodidad los brazos.

Toma el cíngulo con ambas manos, dejando que descuelgue de tu derecha la mitad de su longitud doblada con las borlas: y manteniendo horizontal la otra mitad, que acercarás por detrás a la altura de la cintura para que el sacerdote la tome con sus dos manos.

Observa los posibles defectos que él no puede ver (si algo ha quedado recogido o arrugado o arrastrando…) y procura corregir el fallo tirando de la tela en un sentido o en otro.

Acércale por delante la estola con el vértice vuelto hacia su rostro y cuida de que la cruz central quede en la mitad del cuello.

De forma parecida a como has presentado el alba, ofrece recogida la casulla; ayúdale al sacerdote si tiene que cerrar una cremallera o un broche; y cuida especialmente de corregir lo que quizá no haya quedado bien (casulla torcida o arrugada…)

 

3.- HACIA EL ALTAR DE DIOS

Al ir saliendo al altar recuerda que todos los detalles de educación, urbanidad y cortesía natural cobran en tí un valor sobrenatural. (Piensa en tu aseo de cara, cuello, manos, peinado: limpieza de ropa y calzado…) Vas a una fiesta sagrada.

Procura que todas tus posturas junto al altar reflejen respeto y devoción. No es elegante ni correcto el estar con las manos en el bolsillo, o caídas y lacias; ni que vuelvas sin necesidad la vista hacia la gente; ni el estar muy cerca del sacerdote como curioseando lo que dice o lee; ni apoyarte o agarrarte al altar, o dejar sobre él algo tuyo, como un pañuelo, un libro… Postura religiosa es llevar las manos juntas, palma con palma (la que más suele adoptar el Papa) o con los dedos entrelazados. También los brazos cruzados suele ser posición de quien está dispuesto a servir.

Delante del sacerdote y a uno o dos pasos de él sales al presbiterio, con las manos juntas sobre el pecho si él las lleva así; Y si no con los brazos cruzados (nunca colgando ni con las manos en los bolsillos). Si son dos acólitos, el que sale primero al llegar se retira un poco hacia atrás, dejando sitio para que pasen por delante su compañero y el sacerdote.

 

4.- A LA LITURGIA DE LA PALABRA

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Tu puesto podrá variar según sea el presbiterio y lo que haga el sacerdote.

Si comienza la Misa en la sede estarás mejor en el otro extremo y un poco vuelto hacia él.

Y si en la sede no tiene atril, sosténle tú el misal; si eres bajo de talla, puesto delante de él, sujétale el libro con las manos y apoyado en la frente. Pero si eres alto como para taparle la vista de los fieles, colócate a su derecha un poco de perfil, y con ambas manos mantén el libro a pulso.

Si en cambio empieza la Misa en el altar, tu puesto más propio sería como “adelantado” del pueblo, de espaldas a él y junto a una esquina del altar. También puedes colocarte de medio lado sin caer en la tentación de volver la cabeza a mirar hacia atrás o a los lados.

Para el Evangelio acompaña al sacerdote poniéndote de costado, no vuelto hacia el pueblo, sino hacia el centro de atención que en ese momento es el libro y el propio sacerdote. Persinate a la vez que él en la frente, labios y pecho; pero no lo hagas si les estás sosteniendo el libro o tienes tu derecha ocupada en el cirial o el incensario.

Si hay homilía te sientas, como durante la primera lectura, cerca del sacerdote.

Durante el credo (lo dice el sacerdote todos los domingos y en algunas fiestas solemnes), estás también como en el evangelio pero sin ciriales ni incienso, aunque se hayan sacado esedía.

Al recordar la Encarnación del Hijo de Dios haces con él una profunda inclinación de cabeza. Y al nombre de Jesús o de María, una venia sencilla.

 

5.- A LA PRESENTACION DE DONES

Terminadas las preces de los fieles el sacerdote va al centro del altar; y tú llevas con diligencia pero sin correr el cáliz cubierto. Retira el cubrecáliz, entrega el corporal al sacerdote, y mientras él lo desdobla, dobla tú en uno o dos pliegues el cubrecáliz. Y vas enseguida a la credencia por las vinajeras. También puede el sacerdote encomendarte a tí el desdoblar el corporal, mientras él está en la sede.

Preséntale, después de que ha hecho la bendición por el pan, la vinajera del vino con el asa vuelta hacia su derecha. En cuanto él la tome, toma tú con la derecha la del agua para que el la tome igualmente, a la vez que con la izquierda retiras la del vino que él te devuelve.

Mientras él reza inclinado una oración, vuelve tú a la credencia y regresas con la jarrita del agua en la mano derecha y el manutergio sobre el brazo izquierdo, deteniendo con la mano izquierda la base donde cae el agua.

Una vez retirado el lavabo a la credencia y doblado el paño, toma la campanilla y colócate en tu sitio -de espalda o de costado al pueblo- de pie. Los fieles se pondrán enseguida de pie cuando se les invite a orar.

 

6.- A LA ORACION EUCARISTICA

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Cuando el sacerdote impone las manos sobre la hostia y el cáliz que va a consagrar, avísaselo tú al pueblo tocando muy tenuemente la campanilla para que todos se arrodillen. Cuida de no tapar con el sonido de la campanilla la voz del celebrante. Mientras él eleva la Hostia y el Cáliz consagrados, repica tú como signo de adoración y de alegríapor la llegada de Cristo al altar.

Cuando el sacerdote hace la genuflexión para adorar a Cristo presente en el altar, tú, que ya estás de rodillas, puedes acompañarle haciendo una reverencia. Pero cuando él levanta la Hostia y el Cáliz, levanta tú los ojos hacia Cristo y adórale reconociéndole con amor como tu Señor y tu Dios. No olvides que con tus actitudes reverentes ayudas además a la devoción de los fieles.

Contesta a la aclamación después de la consagración, según la proclamación que haga el sacerdote con voz clara y sonora similar a la del sacerdote.

Tú subraya en voz alta y firme: Amén, cuando el sacerdote termine la Oración Eucarística.

 

7.- A LA COMUNION

Reza con el sacerdote, sin adelantarte ni atrasarte, el Padre nuestro y responde a los otros saludos.

Si te da la paz con un abrazo, pon tus manos aproximadamente bajo sus codos. Si te extiende la mano, tómala con las dos tuyas (algunos la besan en señal de reverencia, no al hombre sino al que representa a Cristo y tiene poderes divinos).

Lleva al altar el platillo de comunión. Al Cordero de Dios si los demás se arrodillan arrodíllate también tú.

Para poder comulgar cada día, vive siempre con el alma limpia de pecado mortal y haz el pequeño sacrificio de no comer nada desde una hora antes. Confiésate cada mes para hacerte cada vez más amigo de Jesús, a menos que tengas pecado mortal..

Quiere también la Iglesia que al acercarse a comulgar todos hagan una reverencia; la genuflexión es la reverencia debida al Santísimo. Pero una persona de edad basta que haga al acercarse una inclinación de cabeza.

Como a tu edad eres ágil harás muy bien en hacer genuflexión para comulgar.

Cuando actúas de monaguillo el sacerdote puede darte la comunión bajo las dos especies o del Pan y de Vino. No tomes este privilegio para vanidad; sino como una invitación del mismo Cristo a “sangrar” tú sacrificándote cada día un poco por cumplir con tu deber.

Si acompañas al sacerdote a su derecha mientras da la comunión, mantén el platillo de la comunión con tu derecha y vuelto hacia él; si a su izquierda, con tu izquierda. Pon bien el platillo para recoger las partículas que podrían caer; no la inclines de forma que puedan caerse trocitos del Pan Consagrado que es el Cuerpo de Cristo. Por lo mismo, evita poner los dedos encima. No lo coloques muy cerca de la barbilla de las personas, sino al pecho, y sin tocar a las personas. Si puedes hacerlo dignamente, puedes seguir su trayectoria del copón a la boca.

comunión

Si el sacerdote así te lo pide, puedes orientar a los comulgantes que se acercan; para que circulen sin estorbarse: por ejemplo, que se acerquen en dos filas y que se retiren sin pasarse al otro lado. Pero hazlo más con la mano y el gesto que con la voz. Recuerda que el sacerdote tiene entretanto ocupadas manos y voz.

Al volverte no gires dándole la espalda, sino de frente. Lo mismo harás en otras ocasiones parecidas.

Deja el platillo de la comunión cerca del sacerdote para que pueda recoger las partículas. Si él ha ido a guardar el copón en el Sagrario, quédate tú mirando hacia allá; y si él hace genuflexión, hazla con él, como despedida que tributas a Jesús.

Lleva enseguida las vinajeras de la credencia al altar para que lave el cáliz. Puede para ello usar vino y agua o sólo agua; y lavar sólo el cáliz o el cáliz y los dedos; dale pues la opción que elija él. Toma con la derecha por el asa la del agua y sírvesela. Cuida de no colocar las vinajeras sobre el mantel: podría mancharse éste. No vuelques la vinajera de golpe; ni te alargues demasiado; ni la muevas en círculos; un ritmo conveniente es que contando despacio hasta 5 se vacíe la vinajera; si te hace gesto de parar, levantando el cáliz, tú paras.

Ve retirando todo a la credencia: vinajeras, bandeja, copón vacío, si lo hay… Cubre el cáliz con expedición y retíralo también. Si el sacerdote después de lavar el cáliz se retira a la sede, a tí te toca doblar el corporal y purificador.

Y vuelve a tu sitio -o junto al altar o en tu silla- según él haya hecho.

Si es el caso, preséntale el misal para la oración final, como lo dicho antes.

 

8.- HACIA LA SACRISTIA

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Con la cabeza inclinada recibe la bendición santiguándote despacio. Déjale paso sin darle la espada para que baje del altar a hacer la genuflexión; hazla junto con él. Y delante de él vuelve a la sacristía con las manos juntas o los brazos cruzados.

Ayúdale allí a quitarse las vestiduras y guárdalas. Sin quitarte aún la túnica, completa tu oficio retirando las cosas de la credencia…

Para quitarte bien la túnica, muévela lo más que puedas hacia tu izquierda -por ejemplo- agarrando con tu derecha la costura del sobaco izquierdo y encogiendo el codo izquierdo, sácalo de la manga; con la mano izquierda por dentro de la túnica y la derecha por fuera recógela toda, frunciéndola desde el rueda al cuello; y pasa la cabeza sin que roce. Saca finalmente la manga derecha; cuélgala en tu percha.

La Iglesia nos pide un serio esfuerzo para que -aun en cosas de menor importancia- se unan la sencillez y la limpieza. Un poquito de ese esfuerzo te toca a tí.

Aunque haya habido después de la Comunión un rato de silencio, harás bien en dedicarle a Jesús antes de salir de la iglesia unos minutos de acción de gracias. Ten también cada día un ratito de visita y charla con Jesús; para mejor tratar con El, procura tener un libro adecuado.

 

9.- DOS ACOLITOS

Si son dos acólitos se expresa mejor la dignidad del acto sagrado. Se colocan en posición simétrica a ambos lados del altar.

Cuando uno de los dos tiene que pasar por delante del Sagrario y hacer genuflexión, se juntan previamente en el centro y la hacen juntos.

Si las distancias son excesivas (o por el contrario, falta sitio) vienen juntos aunque sólo uno deba actuar.

Se reparten las actuaciones de antemano para no atenerse ni discutir; por ejemplo, uno descubre el cáliz y pliega el cubrecáliz, mientras el otro presenta el corporal y el copón al sacerdote, el primero trae y ofrece las vinajeras, mientras el segundo prepara el aguamanil y el manutergio: entrega el pañito a su compañero y juntos se acercan al borde del altar: uno sirve el agua y el otro el paño.

No se repartan los toques de campanilla ni otros servicios sencillos como apagar dos velas contiguas.

Al Evangelio acompañan los dos al sacerdote. Lo mismo que al dar la comunión. (Al volver hacia el altar giran hacia el sacerdote, evitando el darle inmediatamente la espalda).

 

10.- DÍAS MAS SOLEMNES

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Elementos de más solemnidad en algunas misas son la cruz procesional, los ciriales o candeleros, y el incensario, la procesión de ofrendas.

Según sea el número de acólitos y la amplitud del presbiterio, deberán variar los movimientos de unos u otros.

La cruz y los ciriales suelen abrir la procesión de entrada. Aunque esté el Santísimo en el Sagrario, ni el cruciferario ni los ceroferarios hacen genuflexión sino sólo inclinación de cabeza -a no ser que los astiles sean cortos, como para colocarlos sobre el altar-. Luego dejan las tres cosas en el sitio oportuno.

La cruz no se moverá hasta la procesión de despedida; en cambio los ciriales podrán acompañar a la lectura del evangelio.

En algunos sitios a la Consagración se colocan dos o más acólitos frente al altar y alzan los cirios o candeleros.

 

11.- OFRENDAS

Otra ceremonia de cierta solemnidad es la procesión de ofrendas. Acompaña al sacerdote al borde del presbiterio y recoge lo que él te irá entregando: las hostias y el vino los dejas sobre el altar; y lo demás (frutos, dinero, objetos varios), al pie del mismo altar donde no estorben.